Este es un texto que escribí hace más de 5 años. Cursaba cuarto semestre del bachillerato en comunicación y nos pidieron hacer una investigación para la clase de géneros de opinión. Una idea me llevó a una experiencia que marcó mi vida y mi manera de ver la muerte. Por las consecuencias de mencionar los nombres completos de las personas que entrevisté, he decidido cambiar sus nombres o apellidos. Estando en 2022 seré corrector de estilo de mi yo de por aquel entonces para volverlo aún más entendible. Bienvenido a "Un día en el SEMEFO"
Todos hemos vivido infinidad de historias, para este trabajo me interesaban las de quienes han visto la muerte en diferentes circunstancias, desde un choque, un suicidio, un atropello, o de alguna manera no imaginada.
Quería conocer las experiencias de aquellos que se dedican a levantar los cuerpos, hacerles su autopsia, y saber su forma de vivir e incluso de pensar. Pensando todo esto amaneció.
El reloj marca las ocho con seis de la mañana, una buena ducha me espera, vacío la memoria de la cámara y cargo la pila, preparo pluma y cuaderno, tomo el baño, alisto mi mochila que va “vacía”, pero regresará repleta de información.
Camino y subo al autobús, un guitarrista interpreta algunas canciones de trova, los minutos pasan, llego a “La luna” y bajo del autobús.
-Disculpe, ¿Qué ruta me lleva a la Procuraduría?
-Tome la 7 joven, la que dice que va por el túnel.—Me responde un checador.
Llegar de la Luna a la “procu” es toda una excursión, pasar por el mercado, luego por la antigua estación del tren, ir junto a “el Miraval”, subir “Tlaltenango”… en todo este recorrido imagino qué tanto habrá que batallar para obtener la información.
-Disculpe señor, ¿Las oficinas de atrás eran de la procuraduría? —pregunté al chofer de la ruta.
-Sí chavo, ahorita te bajo en la siguiente parada. —respondió.
El tiempo se esfumó entre todos esos pensamientos, me coloco de nuevo el audífono, bajo y cruzo la avenida. Veo una fila inmensa, me digo a mi mismo ¿Toda esta será la fila para entrar a la “Procu”?.
Avanzo al módulo que restringe el acceso a 2 edificios con credencial en mano, en espera de que pidan que me identifique.
-Buenos días, me mandaron a la oficina de comunicación social.
-Sí joven, es aquel edificio el segundo piso a mano derecha.—Responde un policía.
Me extraño de que no se me pida ningún tipo de identificación. Entro al edificio, hay mucha gente dentro, en espera de algún papel o trámite; hombres de camisa y corbata.
Subo las primeras escaleras, de frente veo carteles de personas extraviadas y desaparecidas, me invade una sensación de ser observado por todos aquellos que se encuentran sentados, sigo.
Hay algunas cámaras de seguridad y una pantalla LCD con un documento de Word abierto, que al parecer indica el orden en que serán nombradas las personas de la fila, me acerco al escritorio donde se encuentran sentadas 2 personas.
-¿La oficina de comunicación social?
-Regrésate y entra por esa puerta, está al final del pasillo.—Me responde una secretaria
Camino a la puerta indicada mientras la gente me mira. El pasillo se cierra y el azulejo se acaba, queda piso aplanado. Son 2 pequeñas oficinas hechas con tabla roca.
Se cuenta que las personas ven una luz al final del túnel antes de morir, y así merito estoy yo. Finalmente veo un letrero que dice ”Comunicación Social”.
Dentro de mi mente pienso “Genial, he llegado con los de mi especie”. La duda de por qué no hay azulejo en la oficina de comunicación no sale de mi mente, es de las oficinas que se encarga de mantener en pie una buena imagen de la procuraduría y ¿No les alcanza para ponerle azulejo al piso? Mientras pienso esto, una mujer me aborda y me pregunta:
-¿A quién buscas?
-A Osvaldo, es fotógrafo y me mandaron con él, vengo de parte de una amiga suya.
-¿A Chávez? Chicas, ¿No saben si está Chávez?
Varias mujeres de diversas edades contestan casi al unísono “está en su oficina”
-Toma asiento y espérame aquí, en un momento viene él.
Me siento, hay una maceta a mi izquierda y dos puertas a mi derecha, un escritorio al frente donde están varias mujeres charlando, en lo alto de la pared de tabla roca un reloj que indica que es casi medio día.
Un hombre de aproximadamente 35 años de tez morena y camisa negra sale por la puerta del final del pasillo.
-¿Tú eres el que viene a buscarme?- Pregunta en un tono accesible.
-Sí, mi nombre es Joskarel Aguilar, estudio comunicación y me manda Nadia Vargas, es mi maestra de géneros de opinión, nos dejo la tarea de realizar una investigación y me dijo que le pidiera a usted ver la posibilidad de que yo pueda estar un día entero dentro del SEMEFO. Estoy en la fase de antecedentes, pero encontré solo del SEMEFO del Distrito Federal , ya fui a varias bibliotecas y le pregunté a algunos doctores, y me dijeron que no había libros que dijeran eso, que eso lo debía obtener de viva voz.
Osvaldo guardó silencio por unos instantes y luego respondió.
-Lo que me pides de estar un día entero es casi imposible, la coordinadora general no permite ese tipo de cosas. Han realizado otras investigaciones y han salido fotos de dentro de la morgue y se supone que esa es información confidencial, deja veo con mi jefe que realices tu investigación con el consentimiento de la coordinadora, mientras ve a tratar de hablar con ella, porque mi jefe esta en un evento y regresa como en una hora.
De pronto se me bajan los ánimos, doy las gracias y me retiro, bajo las escaleras, aquellos edificios me parecen un laberinto. Salgo y cruzo por la mitad del estacionamiento rumbo a las oficinas del SEMEFO (Servicio Médico Forense).
De nuevo la misma escena, pero ahora jóvenes de unos 20 a 30 años. Entro y me quedo frente a la puerta, un hombre con chaleco de la procuraduría me informa.
-Joven, si viene por su carta de antecedentes no penales tiene que hacer fila aquí.
Mientras el hombre me comenta sobre el documento, recorro el cuarto con la mirada. Al igual que en día de elecciones hay una hoja de cómo se debe llenar el formato para el trámite. Hay 2 mujeres casi frente a la entrada en dos mesas de oficina, al parecer ellas son las que revisan el papeleo, está repleto de carteles de “extraviado” o “ayúdanos a encontrarlo”; gente con chalecos con el logo de la procuraduría. El hombre termina su frase y le contesto muy preciso.
-No, vengo por un asunto de una investigación.
Camino hacia las mesas donde se encuentran las mujeres y una de ellas me pregunta:
-¿Qué necesita joven?
-Necesito hablar con la coordinadora, porque estoy haciendo una investigación y requiero antecedentes sobre el SEMEFO del estado.
-Eso lo debe ver con el doctor Alonso. Vaya a la derecha, luego a la izquierda y de nuevo a la derecha, ahí está su oficina, solo que va a necesitar esperarlo porque salió a desayunar.
Continué con el recorrido de nuevo entre el laberinto. Como me lo habían dicho, oficina cerrada. Era un pasillo corto con una ventana de vidrio al fondo, de la cual horas después descubriría su función,
Agaché la mirada. Unas botas de policía aparecieron, era un custodio que resguardaba 3 internos con sus respectivas esposas y vestidos de amarillo, al final de ellos iba otro policía, los reos me miraron. Dicen que los ojos son las ventanas del alma, y en esas miradas había arrepentimiento y ganas de libertad, la que por alguna razón perdieron.
Un par de hombres platicaban en la puerta mientras yo esperaba, uno de ellos entró a su oficina y abordé al que se había quedado fuera.
-Buenos días, necesito ver al doctor Alonso.
-¿Para qué lo necesitas ver?
De nuevo la misma historia de la investigación y yo desesperándome.
-Sígueme, creo que hay alguien que te puede ayudar.
Recorrí el pasillo detrás del hombre, pasé la ventana de vidrio, doblé a la derecha. Pude ver un letrero que decía “anfiteatro” y una puerta a mi izquierda que tenía un letrero con indicaciones de seguridad químicas. De aquella puerta se desprendía un olor indescriptible que penetraba la nariz, no sabía si eran químicos pero ese olor no lo conocía.
Subimos unas escaleras, el hombre me dijo:
-Espera aquí.
Nos habíamos detenido frente a una puerta gris, al fondo se podían observar unas literas y un hombre sentado en una de ellas.
-Pasa— dijo el hombre que me había conducido a aquella habitación.
Había 5 literas acomodadas por todo el cuarto y el hombre con playera blanca y pantalón beige sentado en una cama.
-El chavo viene por información de los antecedentes de la SEMEFO aquí en el estado, no sé si le puedas ayudar…
-¡Chingaos… Es que no está Sánchez! Ese cabrón tiene como 80 años y lleva como unos 50 trabajando aquí, imagínate, yo entré en el 90 y él ya estaba desde antes.
Los dos rieron algunos instantes.
El hombre de la playera beige continúo diciendo:
-Si quieres espéralo chavo, no tarda, fue a hacer un levantamiento, regresa como en una media hora o máximo una hora.
Salí de aquella habitación de las literas, me dirigí a las sillas que estaban subiendo las escaleras y me senté. Esperé y esperé mientras que las canciones de Yuridia y Franco de Vita pasaban en los reproductores de las secretarias.
Un policía estaba al final del pasillo, era el que escoltaba a los internos. Personas que parecían ser médicos subían y bajaban por las escaleras. Al desfile se unió gente con chaleco de la procuraduría que llevaba cámaras, supuse que eran peritos fotógrafos.
Algunos otros cruzaron a hacer trámites con la chica que estaba en el escritorio frente a mí, ella parecía no tomarles tanta importancia. Una mujer que estaba en una oficina al lado salió al pasillo y gritó.
-¡Otra vez me salen con estas fregaderas!
-¿Ahora qué te hicieron?— preguntó la chica frente a mí.
-Esos cabrones de los crimis que no cierran bien sus evidencias.
Giré mi cabeza al piso y pude observar un tipo de bolsa hecho con papel craft café que estaba rota. Vi una botella de agua natural, pero con la diferencia que el líquido dentro era rojo. No sé por qué supuse que era veneno.
En la botella había rastros de tierra y yo armando una historia en mi mente de que el cuerpo del que habrían hecho el levantamiento pudo ser encontrado en una calle sin pavimentar o en el campo.
Otra vez se escucharon pasos en las escaleras. Un hombre canoso de aproximadamente sesenta y tantos años subió y entro al cuarto de las literas, tuve una corta conversación con él… era Sánchez, me dijo que no tenía datos con fecha y hora exactos, solo escribí lo que pude y le di las gracias.
Miré el reloj del celular y eran casi la 1:30 de la tarde, regrese al departamento de comunicación, y me mandaron de nuevo al SEMEFO con una orden hacia una de las secretarias que estaban en el mismo pasillo de antes.
Me dejaron pasar con Sánchez al cuarto de las literas, donde tambiénestaba el hombre de beige; su nombre era David. Había también un joven de unos 25 años con una playera de tipo enfermero de color azul cielo, su nombre era Antonio.
-Disculpen la molestia, ya viene de nuevo, no pretendo molestar.
-A ver Sánchez, respóndele las preguntas al muchacho.— dijo Antonio y siguió.
-Mira, él es el compañero que está aquí desde que inició el SEMEFO.
Y así comenzó “Sánchez” el relato…
-Pues mira, esto antes era una funeraria, entonces cobraban por hacer las autopsias. El administrador se llamaba Virginio Flores y José Juan Alba, de ahí Lauro Ortega lo adjudicó al gobierno, o sea que lo expropió y lo tomó para el estado.
Compró cuatro combis y con eso comenzamos. Antes estaba una calle arriba, en la calle Mayorazgo, una calle antes de la ubicación actual. Entonces así se comenzó a controlar todo el estado de aquí del sector central. En Jojutla y Cuautla rentaron casas y ahí se mandaban médicos legistas, cuando no había espacio aquí en Cuernavaca se llevaban los cuerpos a esas casas.
A mí me tocó hacer necropsias en el río y también en un panteón allá en Jojutla, la casa estaba a lado de una barranca. Cuando los cuerpos estaban putrefactos se hacían las autopsias en el río y había veces que se tiraban los cuerpos o los restos ahí mismo. Antes se nos denominaba “camilleros choferes”, pero ahora nos llaman proceptores.
Sánchez me contó una de sus tantas experiencias.
-Cuando en una ocasión era tanta la carencia de servicios que nos hablaron para recoger un cuerpo de un choque en Xochitepec, lo estábamos levantando, ya habíamos llenado los papeles de regla y comenzó a respirar. Nos preguntó ¿A dónde me llevan? en vez de trasladarlo a estas instalaciones, lo pasamos a dejar al Seguro Social que está en avenida Morelos.
Me tocó preguntar sobre un tema que tal vez les pudo resultar incómodo pero que creía necesario, era el de las carencias, necesitaba saber qué tipo de ellas había dentro del SEMEFO, y mi sorpresa fue grande porque me contestaron que antes contaban con mejor equipo que el de ahora, solo había pequeñas carencias en los equipos de protección para levantar el cuerpo como fajas y otras cosas.
Les pedí que me explicaran ¿Cuál era la diferencia entre una autopsia y una necropsia?, a lo que Antonio me contesto:
-Pues básicamente es el término, porque hay algunos que dicen que “auto” es explorarse a uno mismo, y “necro” significa muerte. El proceso consiste primero en medir el cuerpo de talla, perímetros abdominal, torácico, craneoencefálico y después se procede a abrir el cadáver.
Haces un corte sagital en la cabeza en forma de diadema y tienes el cráneo expuesto, después haces un corte con la sierra striker, ya se inspecciona, el médico lo revisa, y se hace un corte en la cavidad torácica abdominal, retiras el esternón, entonces ya están expuestos así los órganos principales del tórax, sacas todo lo que es lengua, tráquea, esófago, pulmones, corazón; se revisa en orden.
El equipo que realiza el levantamiento del cadáver está formado por el perito fotógrafo, el criminalista, médico legista y dos camilleros. El criminalista se encarga de revisar la escena del crimen, apoyado del perito fotógrafo. El legista llega para verificar el lugar y da fe y parte de que en verdad la persona esta muerta, su responsabilidad es el cadáver, nosotros los técnicos nos encargamos de rescatar el cadáver del lugar donde se encuentre, ya sea colgado en un árbol, en una barranca, etc.— concluyó Antonio.
Luego junto a David abandonó la habitación, me quedé a solas con Sánchez que me platicó lo siguiente:
-La imagen que tengo más grabada fue de uno decapitados y otra es de un niño violado y también decapitado. Me dejó mucho impacto sobre cómo lo hicieron. Personalmente no he tenido ninguna experiencia paranormal, hay muchos compañeros que cuentan que han visto cosas dentro del anfiteatro. Hay muchos mitos, por ejemplo, un médico que dijo que vio salir de un cuerpo un remolino en forma de humo y cruzó la pared.
Antonio regresó, Sánchez preguntó:
-¿Ya va a ser?
-Ya—contestó Antonio.
No capté de lo que hablaban, pero relacionando la historia, mientras regresé a Comunicación Social, una chica al teléfono mencionó algo sobre un suicidio en Zapata. Minutos después entendería toda la historia.
Antonio tenía algo que contar y comenzó.
-Yo sí tuve una experiencia. Una vez bajé yo solo por una canastilla, eran como las dos de la mañana, entonces me metí al anfiteatro y a medio camino, de repente escucho que alguien me dice “vete”, pero así como una voz de una mujer, y hasta la piel se me erizó, le di la vuelta al anfiteatro y no había nadie.
Para concluir con la entrevista les pregunté si le tenían miedo a la muerte, porque ellos conviven a diario con cadáveres, me respondieron que como tal a la muerte no, pero la manera en que mueras o que te maten sí.
La entrevista acabó, yo estaba resignado a marcharme, por último les comente que haría una petición de poder estar un día en el SEMEFO. Eran 2:30 de la tarde, recogí mis cosas y entre esa pequeña plática, me comentaron que harían una autopsia, que si quería acompañarlos.
Consideré que mi mente estaba a la altura de comportarse para tal situación, y como dicen que oportunidades solo hay unas cuantas en la vida, accedí. La condición fue que dejara en el cuarto de las literas todas mis cosas, incluido mi celular (tal vez por lo que Osvaldo me había contado de las filtraciones de fotos de la morgue).
Antonio se cambió el tipo bata de enfermero por una faja y una playera azul marino, pasé al baño que se encontraba a lado de la puerta gris. Dejé mi mochila en un locker, y sin que nadie más de la oficina lo supiera, bajé las escaleras, preparé mi mente y pensé que cuando entráramos al anfiteatro apenas traerían el cuerpo.
Antonio iba delante de mí, abrió la puerta gris, volteé rápido hacia donde estaba la gente y mi respiración notó un cambio de olor, uno que te quita las ganas de respirar, como la mezcla de azufre con comida putrefacta…
Regresé la mirada al cuarto donde recién entrábamos y frente a mí había cuerpo de unos 25 o 30 años de edad con piel clara totalmente desnudo sobre una plancha de metal con ruedas, y su espalda reposando en un polín de madera.
En su muñeca izquierda una pulsera de San Judas Tadeo, la cara totalmente hinchada y morada; la nuca con marcas de sangre que la rodeaban completamente; cabello negro y corto, ojos cerrados y en la boca restos de algo que parecían malvaviscos con sangre encima; una especie de vómito que rodeaba la boca y parte de la nariz. No sé era por el estado de descomposición, pero su abdomen y el cuerpo en general parecía estar inflado.
Había una mujer sentada en una silla dentro del anfiteatro, era una doctora. Antonio se puso un mandil blanco y un cubre bocas, “Sánchez” hizo lo mismo pero su mandil era azul marino y además usaba una máscara antigases. Eel olor era me parecía insoportable, me dio 2 cubre bocas que no dude ni un segundo en ponerme. Ellos estaban acostumbrados al olor pero yo no tenía ganas de vomitar.
David entró por la puerta y dijo.
-Los familiares quieren verlo por última vez.
-¡Ya vamos a empezar David! se supone que ya lo vieron.
Finalmente Antonio accedió y así supe el uso de la ventana del pasillo, a donde una joven de unos 25 años se acercó con celular en mano y sin que nadie parara su llanto. Antonio y Sánchez taparon el cuerpo con una sábana blanca y solo dejaron descubierta la cara, acercaron el cuerpo. La mujer se volvió a llenar de lágrimas. Pensé que sería su esposa o tal vez su hermana.
Regresaron el cuerpo al lugar inicial y comenzó el proceso.
Unas moscas estaban encima de la boca del cadáver y se fueron cuando rociaron un poco de agua sobre este, primero midieron lo largo del cuerpo, después los diámetros que Antonio me había explicado en la entrevista. A mí me temblaban las piernas y me mantenía en una esquina de la habitación observando la escena.
Antonio hizo un corte desde el pecho hasta el abdomen mientras que Sánchez hacía lo propio en la cabeza cortando en forma de diadema. El sonido de esos cortes en la piel es similar al de cuando pegas cinta Diurex en una superficie y lo despegas lentamente.
Sánchez movió la piel del cráneo hacia delante y el resto hacia atrás, quedando este totalmente expuesto. Hizo un corte en círculo con la sierra “striker”Quitó esa tapa y el cerebro quedo expuesto al aire, cortó un pedazo de tela blanca y con eso se ayudó para sacarlo.
Antonio abría la piel del pecho hacia los lados con el bisturí, para dejar expuesto es esternón, tomó una especie de martillo y algo parecido a un serrucho, Golpeando con ambos rompió los huesos del esternón, así quedaron expuestos varios órganos.
Extendió el corte del pecho hasta la garganta, pude escuchar que la quijada tronó y vi como toda la piel de la cara estaba “desarmada”,parecía una máscara. Revisó la lengua y la tráquea, luego comenzaron a sacar los órganos como el corazón, los pulmones que estaban deshechos, el intestino grueso, el delgado y los depositaron en una cubeta con químicos.
Para entonces yo había tomado lugar en un banco, el aire hediondo pasaba por encima de mi cabeza, y si me ponía de pie volvía a respirarlo y regresaba esa sensación de asco. Desde que entramos al anfiteatro y llegamos a este punto habría pasado hora y media aprox.
Antonio me llamó y me dijo que si tenía dudas, solo le pregunte la manera en que había muerto la persona, me dijo que habían recogido el cadáver en Zapata. Todo comenzaba a cobrar sentido. La llamada que la chica contestó en la oficina de comunicación sobre un suicidio, las palabras antes de acabar la entrevista, la mujer llorando en la puerta.
-¿Hasta qué hora te vas? —preguntó Antonio.
-Tengo todo el día — respondí.
-Es que es posible que venga la coordinadora a revisar las condiciones en las que vamos a entregar el cuerpo. Felicidades, aguantaste la necropsia, no cualquiera lo logra.
En mi interior me sentía orgulloso, salí con Antonio por mi mochila, hablamos un par de minutos, le conté un chiste y me dijo que me cuidara y que le echara ganas, que tuviera cuidado con las personas que frecuentaba.
Le pedí que me despidiera de los demás y me respondió:
-Claro, al viejito Sánchez solo le falta lavar los órganos y sale. A David le toca coser el cuerpo.
Para entonces eran casi las 4 de la tarde y sin haber pensado llegar a tanto, había conocido los antecedentes de la entonces Procuraduría de Morelos, conversado con uno de los integrantes con varios años en la institución, entrado a una autopsia de una persona que había decidido terminar con su vida y obtenido una experiencia única que como dicen por ahí “ya tengo qué contarles a mis nietos”.
Edificio del SEMEFO. Foto: www.morelosnoticias.com
Levantamiento de un cuerpo. Foto: www.primeraplana.com.mx
Cadáver de un hombre ahorcado. El del que presencié la necropsia tenía la misma marca y de esta hacia arriba la cara totalmente morada. Foto: cienciacriminalistica.blogspot.com
Corte sagital en la cabeza. Esta es la parte que describo donde habían dejado el cerebro al descubierto y el polín de madera sobre el que descansaba el cuerpo. Foto: http://lofredocolombia.wordpress.com